El
cartel era el de un combate de altura, aunque los púgiles se
encontrasen inmersos en una espiral de despropósitos difícil de
entender. Un vigente campeón sumido en la depresión y jugueteando
descaradamente con el descenso y un gigante del tamaño del Manchester
United perdido en un caos táctico y una progresiva falta de fe en un
entrenador al que han despedido ya varias veces en lo que va de mes. Con
esas credenciales, el partido en Old Trafford pintaba a melodrama o, lo
que es peor, a comedia, y al final resultó un quiero y no puedo de dos
equipos repletos de talento envueltos en la más miserable mediocridad.
MANCHESTER UNITED 0-0 CHELSEA
Manchester United: De Gea; Young, Smalling,
Blind (Phil Jones, 81'), Darmian (Borthwick-Jackson,
70'); Schneiderlin, Schweinsteiger; Mata (Memphis, 77'),
Ander Herrera, Martial; Rooney.
Chelsea: Courtois; Ivanovic, Zouma, Terry,
Azpilicueta; Mikel, Matic; Willian (Ramires, 70'),
Oscar (Loftus-Cheek, 93'), Pedro; Hazard.
Louis Van Gaal dejó caer tras el partido frente al Stoke
que no era necesario que el Manchester United se lo cargara, que él
mismo podía dimitir. Así las cosas, tras ser despedido por twitter -por
obra y gracia de cuentas de dudoso gusto y calidad- y por periodistas de
prestigiosos medios ingleses y de montar el Cristo en rueda de prensa,
el entrañable Louis se presentó en Old Trafford como técnico de los Red Devils
con un debe en su cuenta de siete partidos sin conocer la victoria:
entre Champions y Premier League 3 empates y 4 derrotas, una racha
negativa que no veían los aficionados del Manchester United desde la
exitosa década de los noventa.
A las afueras del Teatro
de los Sueños se vendían bufandas del Manchester United con el rostro de
Mourinho y el ambiente estaba caldeado en las gradas mientras el bueno
del DJ intentaba levantar a las masas con el "Beast of Burden" de los Rolling Stones o el "Disorder" de Joy Division. Si al menos no las levantó hizo bueno el dicho de que la música amansa a las fieras.
Cosas del fútbol, al
Manchester United le dio por convertirse en el Barça después de haber
sido un equipo de Regional Preferente contra el Stoke. Los de Van Gaal
jugaron los mejores minutos en el primer tiempo en lo que va de
temporada y entre Mata, Rooney y Martial volvieron loca a una débil
defensa del Chelsea, incapaz de saber por donde les venían. Dos palos
-uno de Mata y otro de Martial- hacían presagiar que los tres puntos
iban a quedar en casa.
El Chelsea fue un fiel
reflejo de lo que viene siendo esta temporada. Sin Diego Costa y sin
Fábregas, Hiddink armó un doble pivote con Mikel y Matic que fue
superado en todo momento. Conforme avanzaban los minutos los Blues eran
un amasijo de errores al borde de ser condenados con un gol en contra
que nunca llegaría. Hazard sigue manteniendo una arranca y una zancada
espectacular pero está a años luz del jugador que fue la pasada
temporada. Apenas si aporta algo al juego colectivo. Tampoco ayudaron
demasiado las excesivas conducciones de Willian, que terminaban quedando
en nada y el único que gozó de una clara ocasión de gol fue John
Terry.
El partido pasó entonces a
convertirse en un escaparate para dos porteros a los que no les hace
falta demasiada publicidad. Primero David De Gea -salvando los muebles
por enésima vez- y después Courtois. Todo pintaba para que el partido
terminase con un aburrido empate a cero. Y así fue. El Manchester United
lo intentó hasta el final, aprovechando la marcha atrás del Chelsea,
agazapado en su área y apostando descaradamente por jugar a un
contraataque que parece haber olvidado. Reparto de puntos que no le
sirve a un Hiddink que aún no conoce la victoria y que, quizá, calme
algo la tormenta en Manchester.

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